Japón se entiende mejor en dos tiempos: Tokio, enorme y ordenado, y Kioto, con templos, jardines y un ritmo más pausado. El tren bala une las dos en algo más de dos horas, y el país se recorre con una facilidad que sorprende a casi todo el mundo. Lo que más conviene planificar es la temporada: en primavera y otoño hay mucha gente.