Italia se planea por trenes. Entre Roma, Florencia, Venecia y Milán, la alta velocidad hace que en una semana quepan tres ciudades sin coger un avión, y lo que de verdad ordena el viaje son las entradas con hora de los museos y monumentos. Para la costa, los lagos y las montañas, en cambio, el coche o el ferry cambian el ritmo.