
Dos días dan para el mercado de abastos por la mañana, que es donde de verdad se come, y para lo que un día no deja ver: el teatro romano —gratis, enterrado mil ochocientos años bajo el Pópulo— y el Falla, donde se canta el Carnaval. El segundo día acaba en la Alameda mirando la bahía.
Toca un punto para ver cuál es y cómo llegar.
Una propuesta, no una obligación: al crear el viaje os lo repartís como queráis.
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💡El levante lo cambia todo
Cuando sopla levante, las playas de la zona se vuelven incómodas: arena en la cara y bandera amarilla o roja. Aquí el parte del viento importa más que el del sol. Con levante fuerte se cambia la playa por la ciudad, o se busca el lado de poniente, que queda resguardado.
💡Aquí se come de pie y se pide por cartuchos
En las freidurías el pescado se compra por peso, te lo dan en un cucurucho de papel y se come en la calle con una caña al lado. Pedir medias raciones en vez de platos es lo normal y el pescado del día lo cantan sin carta. La tortillita de camarones, recién hecha, o no vale.
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